Maradona es un ícono argentino que genera divisiones sociales importantes, cercanas a la puñalada furibunda y fanática. Es casi un automartir del fútbol que representa lo mejor y lo peor de este deporte, y a diferencia de Pelé sigue dando de qué hablar a los medios y a la gente. El otro día estábamos cenado entre amigos y la pregunta que pululaba en la atmósfera mundialista era justamente el acuerdo o no con la continuidad de Maradona frente a la selección y el excesivo apoyo idolatrero (como festejo del fracaso) que estaba teniendo este personaje popularmente bautizado como Dios y que hasta cierto punto se cree ser tal. Y es una opinión difícil porque genera esta dicotomía "creyente-ateo", por la cual mucha gente ha terminado en la hogera y otros tantos acallados en sus creencias. Es como dicen, si se pretende mantener la amistad y el buen clima en una reunión social mejor no hablar de ciertas cosas.
