miércoles, 1 de abril de 2009

Chau alfoncho


La muerte de un demócrata en un contexto en el que cada vez con más frecuencia -en la carnicería, en las charlas de mate, en el super, entre las chicas en el choping, etc.- se escucha sin vaselina como recuenan cada una de las letras -como si el sonido de las botas nos pisoteara- que componen la expresión "que vuelvan los militares". Puede ser paradógico y hasta emblemático.

Un tipo que aportó a la vuelta de la democracia y que con su muerte sigue sumando al sistema democrático, y al mantenimiento de los gobiernos constitucionales. Los K ya se relamen. "Como anillo al dedo", pudo ser el pensamiento del K que aprovechó el populoso velatorio en el congreso para meter su bocadillo, "los mismos sectores conservadores" que enfrentaron a Alfonsín serían los que ahora hacen trastabillar el zafarrancho kirchnerista. Un poco tomado de los pelos el comentario, aunque seguro la van a pulir un poco para el discurso oficial si es que tiene repercusiones.

Seguramente, para los ex presidentes vivos y para la actual presidente, debe ser vergonzoso -suponiendo ingenuamente que todavía les queda algo de vergüenza- que se diga que Alfonsín es el único presidente que no cambió la casa luego de ocupar el cargo. Vivió siempre en la misma casa que habitaba antes de ser presidente, lo que fue destacado por los medios como sinónimo de honestidad, hecho que contribuye a resaltar que la corrupción en Argentina fue creciendo tan estrepitosa y descaradamente como para que la naturalicemos.

El primero en enfrentarse a las multinacionales, los militares y las mafias sindicales -entre otras cosas-, y tal vez el último presidente argentino -por no ser taaaannnnn sentenciosos- que puede morir con dignidad. Se merece que la gente lo vaya a despedir, y la masividad del adios nos invita a preguntarnos: ¿qué va a pasar cuando muera MENEM?

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